Menú
Volver al cuerpo, volver a casa
Lecturas que acompañan

Hay libros que nos ayudan a entender lo que vivimos. En Yoga sensible al trauma, María Macaya explora cómo el cuerpo guarda memoria y cómo la escucha, la presencia y la compasión pueden abrir caminos de regreso hacia nosotros mismos.

Por Georgina Monín · 20 de junio de 2026 · 3 min de lectura

En "Yoga sensible al trauma", María Macaya nos invita a recordar que el trauma no está únicamente en la historia que vivimos, sino también en el propio cuerpo. Y es desde allí donde podemos comenzar a sanar.

El trauma —aquello que nos desborda y que no podemos controlar— no se define únicamente por lo que ocurrió, sino por cómo quedó registrado en nuestro sistema.

La autora nos recuerda la importancia de escuchar a nuestro cuerpo, ese envase que habitamos y que hace posible nuestra experiencia de estar en el mundo. Guarda memorias que la mente, por protección o porque no pudo procesarlas, deja fuera de la conciencia.

Cuando esa huella permanece activa, pueden aparecer la desconexión emocional, la dificultad para estar presentes, para relajarnos o para sentir placer. Nos reconocemos tensos, en alerta, sosteniendo una vigilancia constante incluso cuando el peligro ya pasó.

También nos acerca al concepto de neurocepción: un proceso autónomo mediante el cual el cerebro y el cuerpo evalúan continuamente los entornos para identificar señales de peligro o seguridad.

Un espacio seguro para volver a sentir

La autora propone un espacio en el que no hay que exigirse, no hay que llegar a ningún lugar ni demostrar nada. Un espacio donde no se evalúa la perfección, sino la posibilidad de sentirse seguro: el yoga.

Pero no se trata únicamente del yoga postural que solemos conocer, sino de una práctica más profunda, donde prevalecen el consentimiento interno y la espiritualidad encarnada.

Poder detenernos cuando algo nos incomoda es volver a elegirnos. Es una forma de habitarnos con compasión.

La espiritualidad encarnada, por su parte, no busca trascender el cuerpo, sino habitarlo plenamente. Crear presencia para sostener el dolor con amor, en lugar de escapar de él.

La práctica como camino

A lo largo del libro, María Macaya invita a descubrirnos a través de la experiencia. No propone escenarios ideales ni transformaciones inmediatas: la sanación puede comenzar con gestos simples y pequeños actos de presencia.

Entre las prácticas que comparte se encuentran:

  • Activar la curiosidad a través de un escaneo corporal, observándonos sin juicio.
  • Volver al cuerpo sin invadirlo, respetándolo.
  • Hacer elecciones conscientes que permitan reconstruir la confianza interna.
  • Explorar movimientos suaves, sin objetivos ni exigencias. A veces será movimiento; otras, quietud.
  • Crear pausas de seguridad para que el cuerpo registre que está a salvo.

El sistema nervioso aprende por repetición, no solo a través de la teoría. Por eso la autora pone el cuerpo en el centro de la experiencia.

Nota al margen

Su intención siempre fue protegernos para sobrevivir.

Volver a casa

Este es un libro que nos recuerda la importancia de escucharnos, de mirarnos con amor y compasión. Nos invita a comprender que el cuerpo no es un enemigo ni un obstáculo: es nuestro aliado.

Pero aquello que quedó registrado en nuestro sistema puede transformarse. Paso a paso. Con presencia. Con paciencia. Con cuidado.

Yoga sensible al trauma nos devuelve la posibilidad de volver a casa.

Georgina Monín
Guía procesos de bienestar integral como Maestra de Yoga y Coach. Acompaña a las personas a reconectar con su cuerpo, su respiración y su mundo interno a través del movimiento consciente, la pausa y la presencia.
@georginamonin.coach

Notas al Margen · Cubiko